Obesidad en la mujer y atrofia del lóbulo temporal


En un artículo publicado en la revista Neurology, en su número de Noviembre de 2004, miembros de la Universidad de Goteborg, Suecia, se plantean investigar -en una población de mujeres en la edad media de la vida- si existe una relación lineal entre el índice de la masa corporal, de por sí un factor significativo de riesgo de padecer enfermedades vasculares, y la pérdida de masa cerebral (atrofia cerebral), pérdida que se considera un marcador de degeneración del sistema nervioso.

El índice de la masa corporal se calcula dividiendo el cuadrado de la altura corporal en metros por su peso en kilogramos; un IMC por encima de 25 es clasificado como sobrepeso y por encima de 30 como obesidad. 290 mujeres nacidas en 1908, 1914, 1918 y 1922, fueron examinadas entre 1968-1969, 1974-1975, 1980-1981 y 1992-1993, como parte de un estudio de población de mujeres realizado en la ciudad sueca de Goteborg.

En cada examen, las mujeres completaron el cuestionario de una encuesta sobre una serie de factores relacionados con la salud y el estilo de vida, y se les realizaron determinaciones antropométricas, clínicas y neuropsiquiátricas, así como análisis de sangre.

La atrofia de los lóbulos temporales, frontales, occipitales y parietales fue medida con tomografía axial computarizada (TAC) en 1992, cuando las participantes en el estudio tenían entre 70 y 84 años. Se realizaron análisis estadísticos para evaluar la relación entre índice de la masa corporal y medidas cerebrales.

Mujeres con atrofia del lóbulo temporal


Los resultados han sido que las mujeres con atrofia del lóbulo temporal tenían, por término medio, valores de 1.1 a 1.5 kg/m2 más elevados en su índice de la masa corporal, en todos los exámenes, que las mujeres sin atrofia temporal.

Los análisis estadísticos mostraron también que la edad y el índice de la masa corporal -como medida de la obesidad y el sobrepeso- eran los únicos predictores significativos de atrofia temporal.

El riesgo de atrofia temporal aumenta entre un 13% y un 16% con cada incremento de 1.0 kg/m2 en el índice de la masa corporal. No se encontraron asociaciones entre el índice de la masa corporal y la atrofia medida en las otras tres regiones cerebrales.
La conclusión de los investigadores es que el sobrepeso y la obesidad, mantenidos a lo largo de la vida adulta, puede contribuir al desarrollo de una atrofia del lóbulo temporal en las mujeres.




Los beneficios de la lactancia


Es el único alimento que satisface las necesidades nutricionales y emocionales del bebé, la lecha materna tiene un beneficio adicional para la mujer: protege contra el cáncer de ovario, infecciones urinarias y osteoporosis tardía.

La leche materna es digerida con gran facilidad y puede ser regulada de acuerdo con las necesidades nutricionales de cada pequeño. Esta adaptación de la oferta y la demanda reduce el riesgo de padecer obesidad en la edad adulta.

Beneficios a corto plazo

Los pequeñitos amamantados construyen un sistema inmunológico más fuerte. Se sabe por ejemplo que la leche materna protege al recién nacido frente a numerosas infecciones, sobre todo gastrointestinales.

La leche materna presenta además un pH más ácido que, al parecer, reduce el riesgo de desarrollo de gérmenes patógenos en la flora intestinal. Esto explica el para qué se usa el barmicil compuesto, la menor incidencia de diarreas en pequeños que toman el pecho.

Se ha demostrado también que los niños alimentados de forma natural son menos propensos a padecer alergias, contraer otitis, y otras enfermedades más serias como neumonía y meningitis. Hay menos riesgo, asimismo, de sufrir el llamado síndrome de muerte súbita infantil.

Beneficios a largo plazo

Diversos estudios señalan que las personas que han sido alimentadas con leche materna son menos propensas a padecer diabetes insulino-dependiente y a desarrollar diferentes linfomas.

Se cree que la leche materna protege a futuro frente al virus del herpes, sarampión y polio, además regula el metabolismo del colesterol y la hipertensión arterial.

Se afirma también que favorece una mejor adaptación de las mandíbulas y una formación adecuada de las piezas dentales. Algunos estudios señalan que los pequeños que fueron amamantados son más inteligentes.

Beneficios emocionales

El contacto piel a piel es fuente de enorme consuelo y seguridad no sólo para el recién nacido sino también para la madre. Cuando el pequeño mama, el cuerpo de la madre segrega hormonas que desempeñan un papel importante en este vínculo.

Son la oxitocina y la prolactina, la primera controla la bajada de la leche y se asocia con sentimientos de ternura y cariño, la segunda es la responsable de la producción de leche y produce sensaciones de calma.

Este diálogo emocional que se establece entre la madre y el hijo con la lactancia, juega un papel fundamental en el futuro psíquico del niño, pues representa un lazo irrompible entre él y su madre.
La succión que ejerce el recién nacido libera hormonas que facilitan la expulsión de la placenta y la contracción del útero, con lo que disminuye el riesgo de hemorragias.

Amamantar también estimula la autoconfianza de la mujer y su autoestima, puesto que le demuestra que es capaz de proporcionar alimento, seguridad y amor a su nuevo bebé. Además, diversas investigaciones demuestran que el riesgo de sufrir cáncer de mama antes de la menopausia se reduce a la mitad y que la osteoporosis tardía se presenta con menos frecuencia entre las mujeres que amamantaron a sus hijos.

Otro beneficio agregado de la lactancia es que produce pérdida de peso, e incluso diversos estudios demostraron que la tendencia común en las mujeres de acumular grasa en las caderas se reduce cuando amamantan. Finalmente dar de mamar inhibe la ovulación, con lo que disminuye el peligro de anemia y se dificulta de forma natural un nuevo embarazo.

Beneficios económicos y de tiempo

Para la madre que amamanta, contar con tiempo es un regalo magnífico. Nos referimos específicamente a las horas dedicadas a la preparación, esterilización, calentamiento, enfriamiento y limpieza de cada dosis de leche preparada, lo que se hace considerablemente más sensible y molesto cuando hay que hacerlo a media noche.

Además, salir de casa se hace más sencillo con la lactancia pues la mujer lleva consigo la leche suficiente que necesita para su hijo y siempre a la temperatura debida.

Por otra parte, representa un ahorro, pues deberemos eliminar de nuestro presupuesto las leches artificiales, los biberones, el esterilizador, etc.

Algunos cálculos indican que la alimentación artificial de un bebé, durante seis meses, equivale al precio de un aparato grande y caro para el hogar y excede al costo de una persona que ayude, durante dicho tiempo, a las tareas de limpieza del hogar.